Círculo de Amigos

Círculo de Amigos
El anciano miraba al joven con ojos penetrantes. Por su postura y su expresión demostraba lo que tantos años le había enseñado. Era evidente su sabiduría radiante y a la vez, su tranquilidad de corazón.
“Abuelo, ¿Me vas a responder a mi pregunta?”

El viejo tomaba su tiempo para hablar, pero luego dijo:
“¿Qué es lo que me preguntaste mijo?”
El joven sabía que su abuelo le había escuchado bien y casi nada le escapaba su vista y oído perspicaz.

“Te pregunté el por qué hay tanta felicidad en nuestra familia y las familias que pertenecen a nuestra tribu. Desde chico he notado esto y me gustaría saber si hay un secreto que hemos usado para poder tener esta paz entre nosotros. ¿Me lo puedes explicar?”

Su abuelo duró su tiempo en contestar como queriendo pesar en el basculo su emociones y pensamientos para responder a su nieto de forma educativa.

“Mijo, ¿qué observas cada noche en el centro del campamento?”
“Que todas las familias de la tribu se juntan alrededor de la fogata. ¿Es esto el secreto? ¿El sentarnos juntos en frente del fuego?”
“El ambiente es parte de ello, pero hay algo más importante. ¿Te has fijado lo que hacemos en estos momentos al fin del día al anochecer?” replicó el viejo.
“Pues platicamos todos ¿verdad?”.

“Sí mijo, pero lo importante es lo que decimos en nuestra platica. Cada uno habla solo de cosas buenas – no de si mismo sino de la otra persona. Cada uno busca algo que puede elogiar en el otro. No es algo fingido. Cada uno habla del corazón del aprecio que siente por su compañero o compañera, sea en la familia de uno o de uno en otra familia. Esta fuerza interna sale del alma y brilla más y calienta más que el fuego de la fogata. Tal como fuego del herrero, nos une, nos hace más fuertes en los sentimientos de amistad y amor que sentimos uno para otro. Esto es el secreto mijo.”

Así como en esta leyenda antigua del círculo de amigos, nosotros en nuestras familias o con nuestras amistades, podemos hacer lo mismo. Si sentimos agobiados por las presiones de a la vida o desanimados por el curso de nuestro día, al final del día podemos sentarnos, mirarnos y hablar.
En nuestra habla, no nos enfoquemos en nosotros mismos, sino busquemos algo que alabar en el otro. Exterioricemos sentimientos genuinos, no fingidos, de aprecio y amor por el amigo o familiar. De esta forma crearemos un verdadero círculo de amigos.